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La capacidad de enamorarse, un derecho de todos


Por estos días se habla mucho de amor romántico, perspectivas de disfrute en pareja o de posibilidades de encontrar una. Desde Fundación Crecer invitan a pensar sobre la experiencia de amor y sexualidad en la vida de las personas con discapacidad.

“Que una persona con discapacidad se enamore y pueda vivir una vida plena está relacionado con el acompañamiento que se le pueda brindar, para que vaya descubriendo su sexualidad de la manera más normalizada posible”, asegura la Dra. En Psicología Luisa Manzone, directora del Centro Argentino Integral de Tratamiento Individualizado, Presidente de Fundación TEA (Trastornos del espectro autista) y Secretaria de AAPEA (Asociación Argentina de Profesionales del Espectro Autista).

Un camino de aprendizaje

La Dra. Manzone estuvo hace unos meses en nuestra ciudad invitada por Fundación Crecer, ofreciendo una disertación sobre ‘Discapacidad y vida cotidiana’, cuestiones entre las cuales convocó a pensar sobre cómo acompañar en el desarrollo de la sexualidad y vida amorosa a las personas con discapacidad. Aprovechamos a entrevistarla, de cara a la popular celebración de San Valentín, para conversar con ella sobre amor, sexualidad y discapacidad. “Familiares y profesionales suelen tener dificultades en este sentido, porque consideran que a las personas con discapacidad no les interesa desarrollar relaciones amorosas. Sin embargo construir relaciones y aprender acerca de la sexualidad son deseos naturales en todas las personas. Es importante que los familiares, educadores y profesionales apoyen el desarrollo de estas relaciones para que las personas con discapacidad alcancen una vida plena”, sostiene.

Es que los chicos, adolescentes y adultos, independientemente de si tienen o no una discapacidad, se desarrollan, sienten, tienen inquietudes, deseos y necesidades sexuales. Y, también dependiendo de lo que cada uno quiera, pueden casarse, procrearse y formar una familia. Y por esto mismo la educación sexual está contemplada como obligatoria dentro de la currícula en las distintas leyes de educación (Nacional, Provinciales) en nuestro país y en el mundo: “Hay mucha investigación, y pautas de intervención para personas con discapacidad en las redes sociales, en internet, con innumerable cantidad de apoyos para trabajarlo. Más que nada en discapacidad intelectual pero también física. Esto hay que trabajarlo desde que los niños son pequeños, las instituciones educativas están obligadas a enseñarles a los chicos estas cuestiones, vinculadas a los cambios corporales, el ciclo vital de una persona, el cambio físico, poluciones nocturnas, masturbación, luego las idas al médico y las indicaciones vinculadas a la prevención del abuso sexual, conocimiento y manejo de límites, con un eje que atraviesa todo que es el cuidado del propio cuerpo y la higiene personal”.

Los estereotipos instalados en nuestra sociedad tienden a favorecer la idea de que la sexualidad se disfruta en la juventud, mediante la belleza, ‘por arte de magia’, ‘espontáneamente’, o ‘gracias a otro’ que tiene todo el saber. Pero afirma la especialista que, en todos los casos, “la sexualidad se aprende, y nos acompaña desde que nacemos hasta que nos morimos. Y así como puede ser la fuente de uno de los mayores placeres de la vida, también puede jugar en contra. Y la posibilidad de disfrutar se debe en gran medida a la educación que hayamos recibido. Se aprende a besar, se aprende a acariciar, todo se aprende en mayor o menor medida y con más o menos dificultad. Lo importante es darles herramientas a las personas con discapacidad para que puedan disfrutar. No se trata sólo de aprender, porque también las cosas van cambiando con el tiempo, nuestro cuerpo cambia, las ideas, las elecciones cambian… debemos ir adaptándonos y la sexualidad es particular de cada persona casi como la huella dactilar. No a todos nos gusta lo mismo ni nos agrada lo mismo con la misma intensidad o frecuenta. Sí hay etapas de la sexualidad en todos los seres humanos y la necesidad de expresión sexual, que están claramente definidas, independientemente de la capacidad de la persona. Y hay que ir trabajando esas etapas”.

Derecho a disfrutar en libertad

La especialista nos recuerda que la sexualidad es un derecho reconocido de todos los individuos, incluyendo aquellos con alguna discapacidad. Todos tenemos derecho a participar en relaciones consensuales románticas, casarnos, y participar en relaciones sexuales consensuales antes y después del matrimonio. El derecho de una persona a concebir, entregar y cuidar a su propio hijo en conjunción con los apoyos necesarios también es universalmente aceptado. “Se ha informado que las personas con discapacidades intelectuales leves (incluyendo autismo) a menudo quieren casarse y tener hijos. La habilidad intelectual no debe impedir que una persona con discapacidad aprenda acerca de su propia sexualidad, o de como involucrarse en relaciones sexuales románticas consensuales y emocionalmente significativas”. En muchos casos, por ejemplo las personas con Trastornos del Espectro Autista (TEA) pueden no ser capaces de dar su consentimiento a las conductas sexuales debido a una capacidad cognitiva limitada. Además, muchas personas con TEA pueden no ser capaces de cuidar eficazmente a un niño incluso con apoyos importantes. “Entonces en general el criterio que se aplica es que a los individuos cuya capacidad cognitiva les impida proporcionar el consentimiento sexual o proveer lo necesario para atender a un bebé deben ser desalentados de comprometerse en comportamientos sexuales interpersonales”. Manzone explica que, en el caso en que dos personas puedan dar su consentimiento y puedan cuidar a un niño, se les debe proporcionar los apoyos necesarios. Y desde una perspectiva de apertura: “Hay muchas advertencias contra el supuesto de que las personas con discapacidades del desarrollo son heterosexuales simplemente porque la heterosexualidad es el modo dominante de expresión sexual en nuestra cultura. En algunos casos, los individuos pueden optar por participar en comportamientos sexuales con miembros del mismo sexo o, más ampliamente, identificarse con un estilo de vida gay, lesbiano o bisexual (GLB). Esto es algo en lo que se viene trabajando desde no hace tanto tiempo, hasta ahora trabajábamos la sexualidad y no se tomaba en cuenta la identificación de género, la elección de la persona”.

“Aunque algunos pueden estar en desacuerdo con la homosexualidad en los niveles individual, comunitario o gubernamental, no debemos permitir que las creencias personales interfieran con el derecho del individuo a expresar su identidad sexual”, concluye.


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